Friday, November 14, 2025

Anarquismo francés

 

El anarquismo francés: cuando la filosofía se hizo acción

El anarquismo francés es uno de los movimientos políticos e intelectuales más intensos de la modernidad. No surgió de la nada ni fue simple protesta callejera; emergió de una tradición filosófica que, desde la Ilustración hastá la modernidad, cuestionó la autoridad y buscó nuevas formas de convivencia social (Huisman & Vergez, 2000). Francia se convirtió así en un escenario donde la libertad dejó de ser un ideal abstracto para convertirse en un proyecto práctico.
Los filósofos ilustrados cuestionaron el origen del poder, la rigidez de las instituciones y la desigualdad social. Aunque no eran anarquistas, sembraron el terreno para que pensadores posteriores preguntaran: si la razón nos hace libres, ¿por qué aceptar la autoridad estatal? Esta continuidad de ideas corresponde a lo que Huisman y Vergez (2000) describen como la “herencia de problemas” entre épocas filosóficas.

Este movimiento toma forma con Pierre-Joseph Proudhon, considerado el primer autor en utilizar el término anarquista en un sentido positivo. Su crítica a la propiedad privada y su defensa del mutualismo lo convirtieron en el padre de una nueva corriente de pensamiento. Para Proudhon, la sociedad debía organizarse mediante federaciones libres, sin Estado ni jerarquías innecesarias. Su obra es un puente entre la crítica filosófica moderna y los movimientos sociales del siglo XIX.

La Comuna de París de 1871 fue uno de los episodios donde las ideas libertarias se volvieron praxis. Autogestión, democracia directa, milicias populares y educación laica formaron parte del experimento político más audaz del siglo XIX. Aunque la Comuna no fue puramente anarquista, esto se podría interpretar como una realización concreta de los ideales libertarios. En términos filosóficos, fue un “laboratorio social” que cuestionó la necesidad del Estado.

Una de las riquezas de este movimiento es su diversidad interna. No se trata de un bloque homogéneo, sino de un conjunto de sensibilidades que comparten la crítica a la autoridad coercitiva.

1. Anarquismo individualista

Figuras como Émile Armand defendían la libertad absoluta del individuo frente a toda norma impuesta, desde la moral tradicional hasta la estructura familiar. Esta vertiente conectó con corrientes culturales como el naturismo y el amor libre.

2. Anarquismo social

Influenciado por Bakunin y Kropotkin, enfatizaba la ayuda mutua, la cooperación y la abolición de la propiedad capitalista. Su objetivo era reconstruir la sociedad desde la base comunitaria.

3. Anarcosindicalismo

Quizá la mayor aportación francesa. La CGT en su primera etapa defendió la acción directa, el sabotaje y la huelga general, entendida como herramienta revolucionaria. Para los anarcosindicalistas, el sindicato debía ser la célula de la futura organización social.

En el siglo XX, el anarquismo francés sobrevivió entre movimientos pacifistas, luchas anticoloniales, apoyo a la revolución española y, más tarde, el espíritu libertario del Mayo del 68. Hoy permanece en colectivos culturales, espacios okupas, ecologismo radical y sindicatos alternativos.

El anarquismo francés no es una mera protesta social; es una tradición intelectual viva, alimentada por siglos de filosofía crítica. Su fuerza proviene de que transforma ideas en prácticas y enfrenta, una y otra vez, la pregunta más antigua de la política: ¿es posible vivir sin dominación?

Bibliografía
 
Huisman, D., & Vergez, A. (Eds.). (2000). Historia de los filósofos ilustrada por sus textos


Johann Fichte, sobre la esencia del sabio…

 Sobre la esencia del sabio y sus manifestaciones en el dominio de la libertad. 

Este consistía en una autoposición "ideal", en una acción real que sabe de sí y que Fichte denominaba intuición intelectual, esa  acción  o  agilidad (no substancia o  cosa que piensa)  encuentra una resistencia  que  por  tanto  se denomina no-yo y que en la fundamentación de toda la doctrina de la ciencia,  figura  como  segundo  principio  del  sistema.  Esto es  segundo porque en parte no es absoluto, sino que su contenido debe ser transformado según las exigencias racionales del yo puro, y por tanto debe convertirse en dependiente de éste. Pero a pesar de todo se presenta como un principio porque en parte es absoluto y no dependiente del yo, en el sentido de que no puede ser creado por el yo, sino que le viene dado.

El sabio con formación completa de la época es un “yo” que se pone al “no-yo”, es necesariamente el puente para la existencia del mundo sensible, el mundo sensible como “idea del absoluto”, es creadora de la realidad, pero sólo en la voluntad libre del yo creador.

O sea, la mirada hacia el interior de uno mismo implica conocerse, y al hacerlo, hay autoconciencia, el no-yo es un obstáculo para conocer, así que, necesita al yo para conocerse. La autoconciencia de Fichte es un yo que sólo existe actuando y configurando un mundo, que, al hacerlo, se configura a sí mismo.

“Aquí la idea divina eterna gana existencia en individuos humanos concretos: ésta existencia de la idea divina en ellos se abraza ahora a sí misma, con un amor indecible; y entonces decimos nosotros, amoldándonos a la apariencia, que este hombre ama la idea y vive en la idea, siendo en realidad, un arreglo a la verdad, la idea misma la que, en lugar de aquel, vive y se ama en su persona, y su persona es meramente la manifestación sensible de ésta existencia de la idea, persona que, en sí misma, en modo alguno existe ni vive”

El poder para comprender el mundo comienza, entonces, en nuestra autoconciencia, es decir, el mundo entero yace en la manifestación natural, como el mundo tiene su propia configuración, el yo debe tener su propia manifestación de sensible para que cree su propio mundo moral mediante la libertad.


Es así como Fichte puede conocer el mundo, o sea,  cuando pone al yo al oponerse al no-yo, no obstante ¿cómo puede justificarse la existencia del no-yo fuera del yo?


Fichte, Johann. sobre la esencia del sabio y sus manifestaciones en el dominio de la libertad. Madrid: Editorial Tecnos, 1998. Impreso.

Thursday, November 13, 2025

SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL

 


 

Sobre verdad y Mentira en sentido extramoral fue escrita en 1873 por Friedrich Nietzsche, que fue un filósofo, poeta, compositor musical y filólogo alemán; su obra fue publicada póstumamente en 1903. Mucho se ha hablado de esta obra, se ha debatido y generado mucho contenido, tratando de entender lo que Nietzsche propone, ya que el usa metáforas para explicar que el lenguaje son tautologías, conchas vacías.

 

El contexto en el que gira el ensayo de Nietzsche fue el Siglo XIX un periodo histórico que abarcó desde el año 1801 hasta el año 1900. Una época de grandes cambios y transformaciones en diferentes ámbitos, como la política, la economía, la sociedad y la cultura. Entre los acontecimientos más simbólicos sobresalen son los siguientes: la Revolución Francesa, las Guerras Napoleónicas, Independencia de América Latina, Revolución de 1848, la Guerra Civil Estadunidense.

 

La obra de Nietzsche nos plantea que la verdad se acepta por conveniencia social, es un compromiso que la sociedad establece, para evitar el perjuicio individual, es decir es un conjunto de metáforas y convecciones sociales, morales. “…las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible…” (Nietzsche, 2007:25).

 

La mentira, por el contrario, se rechaza solo cuando es perjudicial, pero se tolera en formas artísticas como el teatro. “El mentiroso utiliza las designaciones válidas, las palabras para hacer parecer lo irreal como real…” (Nietzsche, 2007:20).

Plantea que el intelecto humano es una herramienta para la supervivencia, pero no esta diseñado para comprender la verdad de última de las cosas. La naturaleza es indiferente a la verdad “…cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza”. (Nietzsche, 2007:17).

 

Nietzsche critica al lenguaje, el lenguaje surge de la necesidad humana de comunicarse y establecer acuerdos para sobrevivir, los conceptos son generalizaciones. No refleja la esencia de las cosas “La ‘cosa en sí’…es totalmente inalcanzable y no es deseable en absoluto…” (Nietzsche, 2007:22). Las palabras son metáforas que no reflejan que no capturan la esencia de las cosas. La mente humana crea metáforas, analogías y modelos, producto de la imaginación. “Creemos saber algo de las cosas mismas…y no poseemos más que metáforas de las cosas que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas” (Nietzsche, 2007:22).

 

Nietzsche cuestiona las verdades establecidas, no hay valores universales ni absolutos,

analiza la verdad fuera de la moral es decir sin juzgar si es buena o mala. Si la verdad es relativa, la moral también lo es. “…solo conocemos de ellas lo que nosotros aportamos: el tiempo, el espacio, por tanto, las relaciones de sucesión y los números” (Nietzsche, 2007:32).

Por último, cada verdad va a depender de cada cultura, pueblo o episteme; la cual en cierto punto varia dependiendo de los acuerdos establecidos.


 

Nietzsche, F. (2007) Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Tecnos

https://historiauniversal.org/siglo-xix/

 

 

Auguste Comte: La ley de los 3 estados.

 La Ley de los Tres Estados 

Auguste Comte decía que la manera en que pensamos y entendemos el mundo pasa por tres etapas, tanto a nivel de la humanidad como de cada persona. Es como una evolución de cómo explicamos lo que ocurre a nuestro alrededor.

1. Estado teológico

Es la primera etapa.

Aquí las personas explican todo lo que pasa diciendo que lo hicieron los dioses, los espíritus o fuerzas sobrenaturales.

Si llueve, es porque un dios quiso; si ocurre una enfermedad, es un castigo divino, etc.

Todo se entiende a partir de creencias, mitos o figuras religiosas.

2. Estado metafísico

Esta fase es como un punto medio entre lo religioso y lo científico.

Ya no se culpa directamente a los dioses, pero todavía se usan explicaciones muy generales y abstractas, como “la naturaleza”, “la fuerza vital”, “la esencia del hombre”, etc.

Son ideas menos mágicas, pero aún no son científicas de verdad.

Comte veía este estado como una etapa de transición, un proceso de cambio.

3. Estado positivo 

Es la fase más desarrollada.

Aquí la gente deja de preguntarse “¿por qué?” en un sentido absoluto (por qué existe el mundo, por qué pasan las cosas en un sentido metafísico) y se enfoca en el cómo funcionan las cosas.

Las explicaciones se basan en hechos, observación, experimentos y ciencia.

Comte decía que las ciencias trabajan con la idea de que todo sigue leyes naturales, y que nuestra tarea es descubrir esas leyes.

Es la etapa donde la humanidad puede organizarse de manera más racional usando el conocimiento científico.



¿Por qué es importante esta ley?

Porque Comte pensaba que:

La humanidad entera ha pasado por estas tres etapas, y cada persona en su vida también (los niños tienden a pensar como en el estado teológico, los adolescentes pasan por ideas metafísicas, y los adultos buscan explicaciones más científicas).

Para él, el pensamiento científico —el pensamiento positivo— es la forma más madura de entender el mundo y la base para construir una sociedad moderna, ordenada y progresista.

Schelling y la filosofía de la naturaleza




Schelling, filósofo entre 1775 y 1854, es una figura clave dentro del idealismo alemán, coincidió en ciertos puntos con Kant, Fichte y Hegel, aunque con divergencias teóricas notables que los separan. Sus textos filosóficos iniciales exhiben una visión del mundo, más viva, y centrada en el cambio. Para él, la naturaleza no era simple inactividad interior, ni producto exclusivo del entendimiento humano, sino una fuerza con vida, creadora y espiritual a la vez.

La filosofía de Schelling propone que naturaleza y espíritu se enlazan en una misma realidad. La naturaleza, entonces, no surge apartada del espíritu; podemos dar cuenta en su expresión exterior, y su perceptible demostración. Schelling lo afirma diciendo que la naturaleza es el espíritu a la vista y  el espíritu a su vez es la naturaleza no vista. Dicha visión generó un cambio significativo en el idealismo alemán, al poner en duda la idea de que solo la razón o el espíritu humano deben ser los cimientos de la sociedad.

Schelling nos dice convincentemente, que la naturaleza exhibe en su corazón una potencia racional y dinámica, un empuje interno que fomenta su incesante evolución y transformación. Distante de relegar al humano a simple observador, teniendo en cuenta que la naturaleza es indispensable para la vida del hombre.

Actualmente experimentamos un período de crisis ecológica y el cambio climático, efectos de una relación con la naturaleza centrada en la dominación y el usó. Frente a este escenario, la filosofía de Schelling nos desafía a reconsiderar la naturaleza; no como un objeto inerte, sino como un ser activo y venerado, una entidad con la cual convivimos en origen. Si bien Schelling no empleo el termino ambientalista, su perspectiva de la unidad entre la naturaleza y el espíritu nos recuerda que la destrucción del mundo natural, y en última instancia, equivale a una suerte de autodestrucción, ya que somos expresiones de la misma energía vital  de la naturaleza, misma que modela el mundo que habitamos.

Luego entonces, Schelling se destaca como un gran pensador, pues la concepción que tiene del mundo natural, considerándolo un ser viviente y con alma, pareciera anticipar, sorprendentemente, muchas preocupaciones medioambientales contemporáneas.

En el pensamiento de Schelling, podemos dar cuenta de una reflexión filosófica que se torna esencial para la comprensión de nuestra interacción con la naturaleza. Por lo que, surge una mirada novedosa, permitiendo la exigencia de una conexión más profunda y reflexiva con el mundo natural que nos rodea, y haciendo la invitación para respetar la naturaleza.



Wednesday, November 12, 2025

 

LA IDEA DE DERECHO NATURAL DE BERNARD GROETHUYSEN

Bernard Groethuysen nos introduce al debate entre el derecho natural y el derecho positivo, destacando su relevancia en la Declaración de los Derechos del Hombre. En este contexto, el pueblo es el depositario soberano de estos derechos, marcando el inicio de las sociedades modernas.

En la Filosofía de la revolución, nos adentramos la evolución de ideas conocidas, mostrando la materialidad de algunas de ellas, por lo que Bernard Groethuysen afirma que el derecho natural es superior al derecho positivo, el cual fue establecido históricamente. Menciona, que los derechos no deben buscarse en los archivos de las naciones, sino que deben buscarse en la naturaleza, pues es ahí, en los archivos de la justicia y la nación en donde podremos encontrarlos. Es importante señalar que los derechos naturales, lo son aquellos que derivan de la naturaleza de las personas, lo cual los complejiza y al mismo tiempo su tangibilidad permite conquistarlos.

Estos, son derechos que forman parte del ser, de su existencia. Lo valioso de este cúmulo de prerrogativas, es que existen en la conciencia de uno mismo y son válidos en todos los espacios y tiempos. Esto no significa que no llegasen a ser injustos, sin embargo, el hombre no deja nunca de ser hombre y no puede renunciar a serlo, al igual que sus derechos.

La Declaración de los derechos del hombre, contiene principios esenciales de la existencia de sociedad civil, bajo la concepción de grandes filósofos políticos que contribuyeron a su contenido, como John Locke, Monstesquieu, Rousseau, etc. Contiene, entre uno de muchos derechos, la prerrogativa de la igualdad Se trata de que cada uno pueda tener el derecho de hacer uso de sus facultades de la misma manera, de que no tenga derechos diferentes, ni privilegios personales. En la Revolución Francesa, las nociones de libertad y de igualdad fueron las que expresaron el carácter jurídico inherente a la naturaleza del hombre. La idea natural, se concibió jurídicamente.


Detalle de la fiesta del árbol de la navidad 

En la Revolución francesa fueron esas dos nociones de libertad y de igualdad las que expresaron el carácter jurídico, inherente a la misma naturaleza del hombre. En la idea de libertad, la naturaleza de cada particular fue concebida jurídicamente. Para Bernard Groethuysen, el derecho natural es la expresión de la conciencia que el individuo tiene de si mismo ¿Tenemos la capacidad de identificar los derechos inalienables que nos corresponden? ¿Cuál ha sido el alcance de concebir al derecho natural desde la conciencia? ¿Qué tan conscientes somos de los derechos que derivan de nuestra conciencia cuando nos son arrebatados?

Groethuysen, B. (1993). Carácter revolucionario y universal de la idea del derecho. Filosofía de la revolución francesa. FCE PP. 180-208


Sunday, November 9, 2025

“Schopenhauer: el mundo como voluntad”

En el siglo XIX aparecen filósofos como Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche que se atreven a desmarcarse de la hegemonía hegeliana que había llevado a su máximo esplendor el entender las aspiraciones del espíritu humano y que proponen que la razón no puede explicar la vida, que en el fondo nuestra existencia oculta un elemento irracional que se revela a la razón y Schopenhauer va a llamar a este irracional “voluntad”, mientras que Kierkegaard lo ve en la “angustia” y Nietzsche en la “creación dionisíaca”, sin embargo, es de mi interés profundizar en la idea que nos propone Schopenhauer.

Este pensador propone la idea de “el mundo como voluntad” como una alternativa radical, donde él se reconoce fundamentalmente como una voluntad, pero ¿qué significa para él el mundo como voluntad y representación? El sostiene que el mundo tiene 2 caras: el mundo como representación, simple apariencia y el mundo como voluntad, que es la realidad del ser.

Pero ¿por qué radical? Porque rompe de raíz con el idealismo alemán (sobre todo de Kant, Hegel, Schelling y Fichte), que afirmaba que el mundo es, en el fondo, una manifestación de la razón o del espíritu racional y él viene a romper con está idea afirmando que el principio que gobierna el mundo es una fuerza irracional, una voluntad ciega e inconsciente, es decir que lo que mueve todo desde la naturaleza hasta el ser humano no es pensamiento, ni lógica, sino un impulso vital, sin propósito ni sentido. Eso es radical, porque invierte el supuesto fundamental de la filosofía idealista: que el mundo tiene un sentido racional.

Y justamente es está idea que propone Schopenhauer la que podemos ver en todo su esplendor actualmente con está cultura del consumo sin control y en el uso desmedido de las redes sociales, porque actualmente la sociedad está gobernada por una voluntad de consumo que no responde a la razón, sino al impulso del deseo, del querer tener más que el otro y de la apariencia y son las redes sociales el escenario perfecto para ese deseo constante de querer ser vistos y reconocidos. Por lo tanto, Schopenhauer propone una filosofía pesimista porque dice que el mundo no tiene un propósito racional y que más bien lo que se da en el mundo es una manifestación de una voluntad ciega y con esto para Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche el mundo que ha sido construido sobre el mito de la todopoderosa razón es un mundo que muere y en cambio lo que ellos proponen en un mundo que poco a poco empieza a ver la luz del día gracias el rechazo de esta.



 

Bibliografía:

Huisman, D., & Vergez, A. (Eds.). (2000). Arthur Schopenhauer. Historia de los filósofos ilustrada por sus textos. Tecnos

 

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