El destino cósmico de lo idéntico.
Blanqui
inicia La
eternidad a través de los astros con una hipótesis astronómica: el
espacio es infinito mientras que las combinaciones posibles de materia son
finitas; de ahí que las mismas configuraciones deban repetirse indefinidamente
para llenar este espacio infinito.
A través
de esta premisa, Blanqui nos guía hasta aterrizar en nuestro planeta, debiendo concluir
la existencia de planetas idénticos a la tierra, con versiones idénticas de la
humanidad, tanto de su historia, de su presente y de su futuro, condenadas al
igual que nuestro sol y los miles de millones de estrellas existentes: a nacer
y morir, una y otra vez.
Pero también
nos habla de la posibilidad de que estos planetas aunque idénticos puedan
presentar pequeñas variaciones derivado de la bifurcación de decisiones “No nos olvidemos que todo lo que habría podido
ser aquí abajo, se es en alguna otra parte“.
Por lo
que la repetición infinita no es una cancelación de la libertad de elección ni
forma parte de lo que parece un mito trágico que único nos detiene en un ciclo
infinito de la miseria que podríamos estar experimentando en este mundo, en
este punto específico del tiempo.
La
repetición blanquiana no es fatalismo: es un espejo cósmico que revela que la
humanidad tiende a producir las mismas tragedias cuando no interviene
deliberadamente sobre su propia historia.
Por
tanto si el cosmos repite mundos injustos infinitamente, entonces es nuestro
deber moral cortar la cadena en
al menos uno de ellos: el nuestro.
Este mundo importa porque en él sí tenemos elección Blanqui propone una especie
de solidaridad cósmica: “somos responsables de los que fuimos, somos y
seremos”.
Blanqui,L. A. (2000). La eternidad a través de los astros.Siglo XXI Editores.