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Thursday, December 11, 2025

 

¡Matemos a los pobres!

El pobre como dispositivo filosófico y no como sujeto real.



En el breve texto “¡Matemos a los pobres!” de Charles Baudelaire se despliega una crítica feroz a las filosofías y discursos dominantes del siglo XIX sobre la pobreza, el progreso y la filantropía, puesto que lejos de presentar al pobre como un individuo concreto con historia, subjetividad o dignidad propia, Baudelaire lo convierte en una figura simbólica, cuya función no es representar una realidad social, sino exponer las contradicciones internas de las teorías modernas sobre la igualdad y la moralidad. El pobre se convierte así en un dispositivo filosófico, un instrumento narrativo que permite desnudar la violencia oculta bajo la retórica de la razón, la compasión burguesa y el optimismo progresista.

El poema inicia con una confesión irónica: el narrador ha pasado días leyendo libros que prometen la felicidad universal, la regeneración del pueblo y la moralización de las masas en un lapso de 24 horas. Se refiere explícitamente a los tratados filantrópicos y utópicos que proliferaban en el siglo XIX, escritos tanto desde el liberalismo como desde el socialismo romántico, estos textos que pretendían convertir la pobreza en un problema técnico o moral, ofrecían soluciones simplistas basadas en la educación, la disciplina, la virtud o la obediencia. Baudelaire, sin embargo, presenta estas lecturas como veneno: “malas lecturas” que producen vértigo, estupidez y una sed de aire libre, de este modo, el poeta deja claro que el ideal progresista no solo es ingenuo, sino profundamente opresivo. La felicidad del pueblo es un proyecto que, bajo su aparente bondad, oculta una voluntad de control.

La figura del pobre aparece en este contexto como un objeto pasivo. El mendigo que extiende la mano es el punto de partida para el experimento moral que el narrador quien, guiado por un “Ángel bueno” o “Demonio bueno”, decide emprender la demostración de una teoría. El daimon de Baudelaire parodia al demonio socrático: no advierte ni prohíbe, sino que incita a la acción violenta, esta inversión revela un punto crucial: la razón ilustrada y moralista que dice querer elevar al pobre es, en realidad, una razón agresiva, capaz de justificar cualquier acto bajo la retórica de la libertad, la igualdad o el progreso. Lo que el narrador pone en práctica no es una teoría social, sino la lógica latente en esas teorías: la idea de que el pobre debe ser “transformado”, aun en contra de su voluntad:

“Sólo es igual a otro quien lo demuestra, y sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla”

La paliza que el narrador le propina al mendigo constituye el núcleo conceptual del poema, es un acto brutal, injustificado y deliberado, pero su función no es realista: Baudelaire no describe la violencia para provocar compasión, sino para desnudar su rol dentro de los discursos filantrópicos. En su experimento, el pobre solo se vuelve “igual” cuando responde con violencia, cuando deja de ser dócil. El poeta muestra así la gran paradoja del discurso de la igualdad en la modernidad: la igualdad no surge de la moral ni del progreso, sino del conflicto. La reacción del mendigo cuando se levanta, golpea, insulta y cobra fuerza pone al descubierto que el pobre, para la mentalidad burguesa del XIX, no es un igual mientras permanece en estado de súplica, lo es únicamente cuando encarna la misma capacidad de daño que su agresor.

Baudelaire convierte entonces al pobre en un dispositivo filosófico: no importa quién sea, cómo vive o qué sufre; importa lo que su figura permite revelar. El mendigo funciona como espejo deformante de la conciencia del narrador, pero también como catalizador que expone la hipocresía de la filantropía burguesa. En lugar de ser un sujeto ético, es un recurso retórico para criticar los fundamentos del humanitarismo del siglo XIX. El texto ridiculiza la idea de que la pobreza pueda resolverse con caridad, educación o fórmulas morales. La escena extrema evidencia que, detrás del gesto de ayudar, se esconde una relación de poder: se ayuda desde arriba, desde la superioridad, desde la convicción de ser quien “sabe” cómo debe actuar el otro.

Al final, cuando el narrador ofrece compartir su bolsa y exhorta al mendigo a aplicar la misma “teoría” a sus compañeros, Baudelaire remata su ironía. La violencia es presentada como un método pedagógico, una forma de devolver al pobre su dignidad. Esta resolución revela el carácter trágico y grotesco del pensamiento moderno: pretende liberar mediante la imposición, elevar mediante la humillación, igualar mediante el golpe. Baudelaire muestra que la violencia no es un accidente en las teorías del progreso, sino su fundamento oculto.

¡Matemos a los pobres! es, así, una crítica demoledora a las filosofías del siglo XIX que imaginaron la pobreza como un problema moral individual y no como una estructura social. En este relato cruel, el pobre no tiene voz porque su realidad no le interesa a la modernidad. Tras la máscara del mendigo, lo que Baudelaire revela es la lógica profunda de su época: una modernidad que se proclama humanista, pero que necesita producir, controlar y disciplinar la figura del pobre para afirmarse. El poema nos obliga, por tanto, a mirar la pobreza no como un sujeto que debe ser corregido, sino como un espejo donde se refleja la violencia simbólica, moral y política que sostiene las promesas del progreso.

Baudelaire, C. (2017). ¡Matemos a los pobres! En El spleen de París. Pequeños poemas en prosa (pp. 145–147). Alianza Editorial.

 

Friday, December 5, 2025

 

LA INHERENCIA Y CONCIE NCIA DE LOS DERECHOS POR GROETHUYSEN 

El proceso de materialización de derechos ha sido un camino largo y complejo y es necesario formularlos de manera clara y precisa. Para Bernard Groethuysen eso fue lo que hizo la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Para este autor, se tenía el camino y se visibilizaban las razones por que se luchaba. Ahora se sabe hacia dónde tendemos y por qué se lucha. Cada uno debe saber cuáles son sus derechos; cada uno debe saber cuáles son sus propios derechos, los que aquí fueron formulados. El establecer derechos nos permite reconocerlos como cercanos, como unas quimeras y que de alguna manera no se otorgan, sino que se establecen de una manera general, de una manera inherente. Para el autor, este es un parteaguas, pues dar cuenta de diferentes derechos estos “ya no se nos pueden arrebatar; ya no podrán volver a caer en el olvido”.

 

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" fue realizada por el artista francés Jean-Jacques-François Le Barbier

Por otro lado, se establece la conciencia de los derechos. El más ínfimo de los ciudadanos se volverá entonces consciente de sus derechos. Cada uno sabrá si se le ha hecho justicia o no, cada uno conocerá la norma que le ha de permitir juzgar todas las medidas tomadas por el Estado, todas las leyes. Los ciudadanos podrán oponerse a las leyes. Dentro de la conciencia de su derecho, tal como encontró su expresión definitiva en la Declaración de los Derechos del Hombre.

Uno de los aspectos más fundamentales de dicha declaración, es que comprende principios jurídicos muy variados, pero la libertad y la igualdad siguen siendo las dos ideas fundamentales. Esto impacto significativamente en todas las clases sociales. Al mismo tiempo podemos introducirnos a cuestiones más complejas, pues ante la presencia de derechos se establecen parámetros de cómo se podrían concebir la cotidianidad entre los ciudadanos de un Estado y como pueden respetarse desde la mirada del derecho natural,

Así pues, la concepción teleológica, la fe en la naturaleza, en el hombre tal y como aquélla lo formó, es pues el fundamento de la idea del derecho durante la Revolución. Pero lo más sólido en tal complejo, es la idea del derecho que, coherente consigo misma, subsistirá en lo sucesivo a través del curso de la historia como un fermento revolucionario en el espíritu de los hombres.

 

Friday, November 28, 2025

El tiempo de los profetas: Covid y los nuevos profetas de la actualidad




Luz America Alonso Ulloa

Demos un breve recorrido histórico para dar un gran salto, vamos desde los profetas románticos post guerra a la muy reciente pandemia. Primeramente, durante el Romanticismo, los poetas y pensadores se convirtieron en una especie de “profetas laicos” que ofrecían consuelo, guía y sentido en medio de guerras, revoluciones y crisis espirituales, asumiendo una función que con anterioridad histórica estaban concentradas en la Iglesia y en la monarquía (Bénichou, 1984). El poeta romántico “asumió un papel espiritual y de portavoz de una humanidad lastimada pero aún capaz de creer imperiosamente (Bénichou, 1984).



Es aquí donde avanzamos y pasamos de aproximadamente 1799 al 11 de marzo de 2020, donde no ocurre una guerra específicamente o una caída monárquica, sino que México fue declarado en situación de pandemia, cambiando rápida y radicalmente la cotidianidad, la socialización, la economía y la manera de operar de las instituciones (medicas, gubernamentales, educativas y religiosas). Ya que las prohibiciones en espacios públicos se hicieron presentes, las actividades se clasificaron en esenciales y no esenciales, algunas de la primera lista fueron: La rama médica, el sector farmacéutico, las actividades legislativas, el transporte, entre otras (GOB,2020).


Toda esta situación nos colocó en confinamiento, es decir aislamiento social y distancia en cualquier espacio físico, además de tener que utilizar artilugios pesados en forma de diademas o lentes, llamados caretas que cumplían la función de barrera protectora del rostro, generalmente cristalina, que se colocaba además sobre el cubrebocas. Por lo que las caras conocidas durante las pocas actividades permitidas eran bastante vagas, puesto que no habia rostro particular, sólo pánico, problemas respiratorios y crisis mental (ansiedad, depresión y otras condiciones o trastornos agravados). Entiéndase ahora la similitud entre una época y otra, crisis, desesperanza, muerte, pérdida de confianza en la institución, sin un sitio dónde depositar la fe.


 Lo que comenzó como la idea de unos cuantos días vacacionales, se convirtió en un martirio rutinario y solitario que parecía no terminaría nunca. Por lo que las actividades "artísticas", no tardaron en hacerse notar, el tiempo para nosotros/as  mismos/as  era un total hecho para algunos cuantos, mientras que otros sectores de la población debían seguir generando dinero a expensas de su salud y el contagio de sus familiares, mediante actividades esenciales o inclusive no esenciales, aumentando aún más el riesgo de contraer el virus.


La necesidad de contención, socialización, esparcimiento o toma de decisiones no se hizo esperar, y no era ningún ágora, o espacio público, se trató entonces de las redes sociales, desde las más habituales, cómo Facebook y WhatsApp, hasta algunas para fines más formales como Meet o Zoom que permitían llevar a cabo actividades escolares o juntas laborales. 


También se encontraban aquellas aplicaciones que propiciaban la viralidad espontanea, mostrar un pedacito de vida  de más o menos 15 segundos, que bastaban para influir sobre otros y comenzar a crear una especie de comunidad amorfa en la que se vinculaba por interés, opiniones en común o tendencias, así como dudas propias de la situación que se vivía en ese momento. Porque ante tantas dudas y necesidades colectivas frente a las limitantes, se requería que alguien fuera el o la portavoz de buenas noticias, se necesitaban opiniones contundentes, personas con estilos de vida y aptitudes admirables, con características de potencial líder en las redes sociales: El/la influencer, es decir nuestro "profeta" de la actualidad.


El papel de las y los influencer fue tal, que en ellos se buscaban “herramientas espirituales para sobrellevar el encierro y la ansiedad” (Gregson, 2020). Algunos hablaban desde el conocimiento, fundado en sus estudios o profesiones antes de la pandemia, otras personas compartían curas y recetas "mágicas" casi milagrosas que podían comprometer la salud de otros individuos o fieles seguidores. El poco contacto social, nos llevó a sentirnos cercanos/as a sujetos que bailaban o simulaban cantar canciones de moda detrás de nuestras pantallas. Se ganaron así la confianza, y la credibilidad, entre música y discursos motivacionales, charlas baratas sobre salud mental, conspiración detrás del gobierno, pues ellos parecían conocer detalles que nos eran negados y teníamos derecho a saber.


El poeta romántico como intérprete de una “humanidad” herida… (Bénichou, 1984) mientras que la figura de la o el influencer era el de "life coach" o  "gurú" experto en todo, de una sociedad enferma y aislada. Siguiendo con esto, Bénichou (1984) sugirió que, tras la crisis despues de la revolución, la poesía comenzó a ocupar un lugar espiritual que antes estaba reservado a la Iglesia, intentando responder a la necesidad de creer en algo después de que cayeron las viejas certezas (pp. 15-18). En ese contexto, el poeta no solo escribe versos: aspira a ser guía, consejero moral y hasta visionario político (utopía, industria, etc) que habla en nombre de “la humanidad”. Si trasladamos esta lógica entonces, podríamos decir que muchos influencers en pandemia asumieron un papel parecido, sólo que sin poemas o libros filosóficos. Es decir, ofrecieron historias personales (storytime), consejos sobre bienestar, frases motivacionales y actividades para renovarse o sacar lo mejor de ti "y no morir en el intento", como titulaban muchos videos, en medio del encierro, la ansiedad, la incertidumbre económica y duelo. Finalmente, mientras que el poeta romántico buscaba interpretar el malestar de su época, la o el life coach digital intentaba comprender y crear contenido según las necesidades de sus seguidores/as que comúnmente se sentían solos/as, agotados/as y confundidos/as respecto a su prente y futuro.


Fuentes consultadas:

Benichou, P. (1984). El tiempo de los profetas: Doctrinas de la época romántica . Fondo de Cultura Económica.​

Gregson, TK (16 de abril de 2020). Influencer budista ofrece herramientas espirituales para afrontar la pandemia . Religion Unplugged. https://religionunplugged.com​

Gobierno de México. (2020). ACUERDO por el que se establecieron acciones extraordinarias para atender la emergencia sanitaria generada por el virus SARS-CoV-2 . Diario Oficial de la Federación. https://www.gob.mx

Secretaría de Gobernación. (2020). ACUERDO por el que se establecieron acciones extraordinarias para atender la emergencia sanitaria generada por el virus SARS-CoV-2 . Diario Oficial de la Federación. https://dof.gob.mx​

Alonso Ulloa, LA (2025, 27 de noviembre). El tiempo de los profetas . Filosofías del siglo XIX. https://filxix.blogspot.com/2025/11/el-tiempo-de-los-profetas.html (Paráfrasis)




























Thursday, November 27, 2025

El tiempo de los profetas


El tiempo de los profetas 

Luz America Alonso Ulloa 

 

        ¿Por qué el poeta se convierte en “profeta” en el Romanticismo?

 En el siglo XIX, los poetas, filosofos, escritores e intelectuales, asumieron una función que anteorirmente estaba destinada a los sacerdotes y hombres de "Dios", entiendase al "Profeta" romántico, como el intelectual moderno que buscaba sentido en un mundo que había perdido la fe tradicional. Su palabra era considerada una fuente de revelación simbólica, cabe recalcalcar que escribo en masculino generico ya que este profetisismo era predominamntemente masculino, ya que el papel de guia y artista era mayormente dominado por este genero, mientras que la mujer del romantisismo generalmentre era colocada en la posision de musa.

Por lo que los "profetas" mediante esta función y el poder que se les otorgó, pretendieron ofrecer consuelo y esperanza mediante doctrinas cargadas por diferentes tipos de idologias o ideales politicos, que buscaban resolver parte del malestar político y espiritual de aquella epoca en Europa, y muy especialmente en Francia, que se encontraba reconfigurandose despues de la guerra. Es decir la Revolución Francesa, que se llevó a cabo entre los años 1789 a 1799, años que fueron decisivos para poner fin a la monarquía absoluta, así como establecer una república y eliminar el Antiguo Régimen, ya que social y politicamente habia muchas divisiones, las cuales estaban favoreciendo a unos cuantos, mientras que la pobreza y la desigualdad atacaban rotudamnete a otros sectores de la población, que debian pagar altos impuestos debido a las dedudas que atañaron economicamente a una Francia en tiempos de crisis.

 


 

 Así, en este perido ilustrado gracias al malestar generalizado, se lleva a cabo un gran cambio historico, que nos llevó al Romanticismo, el cual era un movimiento cultural, artístico y literario, que poseia  un profundo rechazo a las ideas de la ilustración "o sea, la creencia de que los humanos debemos ser seres extremadamente racionales y ordenados" (Canvas Lab, sf, párr. 2). Pero, cuyo espiritu de la epoca se caracterizaba por  la subjetividad del individuo, las emociones y la naturaleza, por lo que podriamos creer que puramente era un periodo sin fe o Dios, sin embargo “el Romanticismo no destruye la fe: la transforma en un culto a la humanidad.” Bénichou(1984) en este sentido,es preciso que la modernidad no eliminó la necesidad humana de creer en algo superior, sino que está inmersa en una  transformación continua de la Fe que busca un nuevo referente que ya no era la iglesia.


Retomando, entendamos entonces, que todas las certezas que pudieron  mantener la estabilidad de la sociedad en aquel entonces habian caido. La Revolución se llevó consigo a la autoridad simbólica llamada Monarquía (el poder político divino) y también a la Iglesia (el poder espiritual e institucional), lo que causó un profundo vacio de "sentido", por lo que era urgentemente encontrar un nuevo camino que seguir de la mano de la moral y la modernidad. Por ello, llega el poeta, el filósofo y el intelectual  a tomar el papel de nuevo guía y profeta de un mundo "desencantado",  ante eso Bénichou(1984) ,nos dice que “El poeta se erige en intérprete de la verdad universal; habla en nombre del alma del mundo. 

 


Bénichou en su  Obra El tiempo de los profetas. Doctrinas de la época romántica, hace una distinción entre los poetas e intelectuales, dadas sus creencias, movimientos o aportaciones a las necesidades de la sociedad. Entre los profetas se encontraban por ejemplo, los "Poetas", cuya creencia recaía en su sensibilidad artística, permitiéndoles ver más allá y ser una conciencia moral (Victor Hugo, Lamartine). También estaban aquellos que creían en futuros distintos y perfeccionados, semejantes a la utopía, tomando en cuenta nuevas "religiones" sin dioses basadas en la ciencia, la industria o el progreso social (Saint-Simon, Fourier). 

 

Hubo otros más racionales que intentaron poner orden en el caos mediante una moral laica y la razón, sin misticismos (Benjamin Constant, Guizot). Mientras que aquellos más artísticos/estéticos creían que el arte (incluso el arte religioso) debía y podía transformar y mejorar a la sociedad a través de la belleza (Chateaubriand). Por lo que cada tipo de profeta ofrecía una respuesta diferente a los desafíos de esa  época romántica, pero todos compartían ciertas convicciones artísticas, filosóficas y sociales que buscaban transformar el mundo y guiar a la humanidad más justa y equitativamente.
  


Bénichou, P. (1984). El tiempo de los profetas: Doctrinas de la época romántica. Fondo de Cultura Económica.

Friday, November 14, 2025

 

          El destino cósmico de lo idéntico.



Blanqui inicia La eternidad a través de los astros con una hipótesis astronómica: el espacio es infinito mientras que las combinaciones posibles de materia son finitas; de ahí que las mismas configuraciones deban repetirse indefinidamente para llenar este espacio infinito.

A través de esta premisa, Blanqui nos guía hasta aterrizar en nuestro planeta, debiendo concluir la existencia de planetas idénticos a la tierra, con versiones idénticas de la humanidad, tanto de su historia, de su presente y de su futuro, condenadas al igual que nuestro sol y los miles de millones de estrellas existentes: a nacer y morir, una y otra vez.

Pero también nos habla de la posibilidad de que estos planetas aunque idénticos puedan presentar pequeñas variaciones derivado de la bifurcación de decisiones “No nos olvidemos que todo lo que habría podido ser aquí abajo, se es en alguna otra parte“.

Por lo que la repetición infinita no es una cancelación de la libertad de elección ni forma parte de lo que parece un mito trágico que único nos detiene en un ciclo infinito de la miseria que podríamos estar experimentando en este mundo, en este punto específico del tiempo.

La repetición blanquiana no es fatalismo: es un espejo cósmico que revela que la humanidad tiende a producir las mismas tragedias cuando no interviene deliberadamente sobre su propia historia.

Por tanto si el cosmos repite mundos injustos infinitamente, entonces es nuestro deber moral cortar la cadena en al menos uno de ellos: el nuestro.

Este mundo importa porque en él sí tenemos elección Blanqui propone una especie de solidaridad cósmica: “somos responsables de los que fuimos, somos y seremos”.

Blanqui,L. A. (2000). La eternidad a través de los astros.Siglo XXI Editores.


 

Bohemia y política en el siglo XIX

 

Bohemia y política en el siglo XIX: entre la melancolía y la revolución

En el siglo XIX surgió una forma de vida que transformó la relación entre arte, política y rebeldía: la bohemia. Más que un estilo estético, la bohemia fue una manera de situarse frente al mundo, un modo de vivir la crítica desde la existencia cotidiana.

Escritores, pintores, tipógrafos, músicos y periodistas ocupaban los márgenes de la sociedad burguesa: habitaciones estrechas, cafés llenos de humo, bulevares nocturnos y barrios donde la precariedad convivía con la creatividad. Rechazaban las exigencias de productividad, las normas morales rígidas y el ideal burgués de respetabilidad. Su rebeldía no era sólo un gesto individual, sino una actitud política que cuestionaba la naciente racionalidad capitalista.

La bohemia se convirtió así en un puente entre el romanticismo —con su exaltación del yo, el sentimiento y la libertad— y los primeros movimientos socialistas del siglo XIX, que buscaban transformar radicalmente la sociedad industrial. Desde sus tertulias y publicaciones artesanales, los bohemios desarrollaron una crítica viva contra la explotación, la desigualdad y el autoritarismo estatal. Como señala Enzo Traverso, la bohemia combina “la embriaguez y la pena que da forma a la historia de la bohemia revolucionaria”. En esa mezcla contradictoria de fiesta y tristeza, de esperanza y derrota, se encuentra la semilla de una sensibilidad política marcada por la melancolía: la conciencia de que el mundo debe cambiar, y de que cambiarlo es más difícil de lo que prometían las utopías.

Esta misma melancolía atraviesa la obra de Louis-Auguste Blanqui, uno de los revolucionarios más emblemáticos del siglo XIX, quien pasó casi treinta años en prisión por su activismo político.

Es desde una celda donde escribe La eternidad a través de los astros, un texto inesperado por su carácter cósmico pero profundamente enraizado en la experiencia de la derrota. Allí imagina un universo infinito compuesto por una cantidad ilimitada de mundos que repiten nuestra historia una y otra vez. Blanqui escribe: “Esto que escribo en una celda… lo he escrito y lo escribiré durante la eternidad”. Esta repetición infinita funciona como metáfora del destino de las luchas revolucionarias del siglo: esfuerzos incansables que reaparecen, derrotas que regresan, esperanzas que se reavivan a pesar de todo.

Aunque los bohemios y Blanqui vivieron realidades distintas, sus pensamientos convergen en varios puntos. Ambos habitaron los márgenes: los bohemios desde la precariedad creativa, Blanqui desde la prisión y la clandestinidad. Ambos sostuvieron una crítica radical al orden burgués, ya fuera desde el arte y la vida cotidiana o desde la acción política directa. Y ambos elaboraron una forma de imaginación crítica sostenida por la melancolía: no la melancolía paralizante, sino aquella que obliga a pensar alternativas frente a un mundo injusto, aquella que mantiene vivas las preguntas cuando los sistemas han fallado.

La bohemia y Blanqui muestran que la política del siglo XIX no se reduce a los grandes manifiestos ni a las barricadas heroicas. También se expresa en la sensibilidad, en la vida interior, en las emociones que acompañan a quienes deciden vivir de otro modo. Sus mundos —a veces sombreados, a veces luminosos— siguen recordándonos que la rebeldía no muere, sino que cambia de forma. Que incluso cuando las utopías se pierden, queda la imaginación como espacio político desde donde resistir y reinventar el mundo.



·  Blanqui, Louis-Auguste. La eternidad a través de los astros. Contraediciones.

·  Traverso, Enzo. Melancolía de izquierda. Después de las utopías. Galaxia Gutenberg, 2019.




 



Wednesday, November 12, 2025

 

LA IDEA DE DERECHO NATURAL DE BERNARD GROETHUYSEN

Bernard Groethuysen nos introduce al debate entre el derecho natural y el derecho positivo, destacando su relevancia en la Declaración de los Derechos del Hombre. En este contexto, el pueblo es el depositario soberano de estos derechos, marcando el inicio de las sociedades modernas.

En la Filosofía de la revolución, nos adentramos la evolución de ideas conocidas, mostrando la materialidad de algunas de ellas, por lo que Bernard Groethuysen afirma que el derecho natural es superior al derecho positivo, el cual fue establecido históricamente. Menciona, que los derechos no deben buscarse en los archivos de las naciones, sino que deben buscarse en la naturaleza, pues es ahí, en los archivos de la justicia y la nación en donde podremos encontrarlos. Es importante señalar que los derechos naturales, lo son aquellos que derivan de la naturaleza de las personas, lo cual los complejiza y al mismo tiempo su tangibilidad permite conquistarlos.

Estos, son derechos que forman parte del ser, de su existencia. Lo valioso de este cúmulo de prerrogativas, es que existen en la conciencia de uno mismo y son válidos en todos los espacios y tiempos. Esto no significa que no llegasen a ser injustos, sin embargo, el hombre no deja nunca de ser hombre y no puede renunciar a serlo, al igual que sus derechos.

La Declaración de los derechos del hombre, contiene principios esenciales de la existencia de sociedad civil, bajo la concepción de grandes filósofos políticos que contribuyeron a su contenido, como John Locke, Monstesquieu, Rousseau, etc. Contiene, entre uno de muchos derechos, la prerrogativa de la igualdad Se trata de que cada uno pueda tener el derecho de hacer uso de sus facultades de la misma manera, de que no tenga derechos diferentes, ni privilegios personales. En la Revolución Francesa, las nociones de libertad y de igualdad fueron las que expresaron el carácter jurídico inherente a la naturaleza del hombre. La idea natural, se concibió jurídicamente.


Detalle de la fiesta del árbol de la navidad 

En la Revolución francesa fueron esas dos nociones de libertad y de igualdad las que expresaron el carácter jurídico, inherente a la misma naturaleza del hombre. En la idea de libertad, la naturaleza de cada particular fue concebida jurídicamente. Para Bernard Groethuysen, el derecho natural es la expresión de la conciencia que el individuo tiene de si mismo ¿Tenemos la capacidad de identificar los derechos inalienables que nos corresponden? ¿Cuál ha sido el alcance de concebir al derecho natural desde la conciencia? ¿Qué tan conscientes somos de los derechos que derivan de nuestra conciencia cuando nos son arrebatados?

Groethuysen, B. (1993). Carácter revolucionario y universal de la idea del derecho. Filosofía de la revolución francesa. FCE PP. 180-208


Sunday, November 9, 2025

“Schopenhauer: el mundo como voluntad”

En el siglo XIX aparecen filósofos como Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche que se atreven a desmarcarse de la hegemonía hegeliana que había llevado a su máximo esplendor el entender las aspiraciones del espíritu humano y que proponen que la razón no puede explicar la vida, que en el fondo nuestra existencia oculta un elemento irracional que se revela a la razón y Schopenhauer va a llamar a este irracional “voluntad”, mientras que Kierkegaard lo ve en la “angustia” y Nietzsche en la “creación dionisíaca”, sin embargo, es de mi interés profundizar en la idea que nos propone Schopenhauer.

Este pensador propone la idea de “el mundo como voluntad” como una alternativa radical, donde él se reconoce fundamentalmente como una voluntad, pero ¿qué significa para él el mundo como voluntad y representación? El sostiene que el mundo tiene 2 caras: el mundo como representación, simple apariencia y el mundo como voluntad, que es la realidad del ser.

Pero ¿por qué radical? Porque rompe de raíz con el idealismo alemán (sobre todo de Kant, Hegel, Schelling y Fichte), que afirmaba que el mundo es, en el fondo, una manifestación de la razón o del espíritu racional y él viene a romper con está idea afirmando que el principio que gobierna el mundo es una fuerza irracional, una voluntad ciega e inconsciente, es decir que lo que mueve todo desde la naturaleza hasta el ser humano no es pensamiento, ni lógica, sino un impulso vital, sin propósito ni sentido. Eso es radical, porque invierte el supuesto fundamental de la filosofía idealista: que el mundo tiene un sentido racional.

Y justamente es está idea que propone Schopenhauer la que podemos ver en todo su esplendor actualmente con está cultura del consumo sin control y en el uso desmedido de las redes sociales, porque actualmente la sociedad está gobernada por una voluntad de consumo que no responde a la razón, sino al impulso del deseo, del querer tener más que el otro y de la apariencia y son las redes sociales el escenario perfecto para ese deseo constante de querer ser vistos y reconocidos. Por lo tanto, Schopenhauer propone una filosofía pesimista porque dice que el mundo no tiene un propósito racional y que más bien lo que se da en el mundo es una manifestación de una voluntad ciega y con esto para Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche el mundo que ha sido construido sobre el mito de la todopoderosa razón es un mundo que muere y en cambio lo que ellos proponen en un mundo que poco a poco empieza a ver la luz del día gracias el rechazo de esta.



 

Bibliografía:

Huisman, D., & Vergez, A. (Eds.). (2000). Arthur Schopenhauer. Historia de los filósofos ilustrada por sus textos. Tecnos

 

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