¿Podemos separar la obra del autor? La
respuesta es un debate frecuente. Sin embargo, para poder comprender a
Kierkegaard con mayor profundidad, es necesario empaparse de algunos de los
acontecimientos que formaron parte importante de su vida, como lo es la
relación con su padre, su relación con Regina y su pelea con Hegel.
Kierkegaard se enamoró. Se enamoró perdidamente
de una mujer; Regina Olsen. Cuando leía la introducción a su obra Temor y Temblor. Me pregunté en varias
ocasiones ¿Quién de nosotros no se ha enamorado alguna vez? Acaso ¿en algún
momento hemos amado de la forma en qué Kierkegaard amo a Regina? Y sí es así ¿estaríamos
dispuestos a renunciar a aquello que amamos por un mandato divino?
El padre de Kierkegaard muere en 1838. A
partir de ese momento, y como tributo a la memoria paterna, Søren se entrega
apasionadamente a los estudios de teología. Su vida, después de haber
permanecido en el estadio estético durante
demasiado tiempo, ingresa en el estadio
ético, y toca el umbral del estadio
religioso; ya está encauzado en lo que debe ser su existencia, pero en ese
momento aparece Regina Olsen. (Kierkegaard ,
2014, p.38-39). Aunque en septiembre de 1840 pidiera y obtuviera la mano
de Regina Olsen, renunciaría a casarse con ella, pese a las lágrimas y las
suplicas de la joven. (Denis , André, &
Serge, 2000, p. 324). Kierkegaard renuncia a estar con la mujer que ama
y que lo ama, pero díganme ustedes que me están leyendo ¿Quién renunciaría a
alguien a quien no has dejado de amar, cuando esa persona te ruega con lágrimas
que no la dejes? En esta medida, podemos vislumbrar que la ética general es incapaz
de comprender aquel lenguaje extraño que es el que se da a partir de la relación personal entre Dios y el
hombre. Para esclarecer esta idea, evocaré a continuación el ejemplo que en su
obra Temor y Temblor, el autor astutamente
nos muestra:
"Abraham e Isaac"
Dios quiso probar a Abraham y le dijo:
Ve y toma a tu hijo, y unigénito, a quien tanto amas, a Isaac, y ve con él al
país de Moriah, y ofrécemelo allí en el holocausto en la montaña que yo te
indicaré. (Kierkegaard , 2014. p.83) ¿Quién
podría comprender a Abraham? ¿Quién estaría dispuesto a sacrificar a su hijo
para cumplir con su deber, es decir, con la voluntad de Dios? ¿Acaso, aquella
voz es sólo un reflejo de locura? “Abraham calla… pero no puede hablar; es ahí
donde residen la angustia y la miseria. Pues si yo, por ejemplo, no consigo
hacerme comprender cuando hablo, aunque continúe hablando sin interrupción día
y noche. Ése es el caso de Abraham: lo puede contar todo, pero hay una cosa que
no puede decir y al no poder decirla, o sea al no poder decirla de modo que el
otro pueda comprender, no habla. (Kierkegaard ,
2014. P.224-225). Es incapaz de hablar porque no habla una lengua
humana. Aun cuando conociese todas las lenguas de la tierra, aun cuando los
comprendiesen también los seres que ama, aun así no podría hablar. Abraham
habla un lenguaje divino, habla en
lenguas. (Kierkegaard , 2014. 225). Ahora
bien, Kierkegaard contrasta por ejemplo, el caso de Abraham con el caso de Agamenón
cuando tuvo que sacrificar a su hija Ifigenia.
Cuando en una empresa que compromete los
destinos de todo un pueblo surge un impedimento, cuando tal empeño tropieza con
la negativa del cielo, cuando la divinidad encolerizada envía una calma chicha
que hace fracasar todo intento para mover las naves, cuando el augur,
cumpliendo su penosa tarea, hace saber que el dios exige una doncella como
víctima propiciatoria, el padre, entonces, llevará heroicamente a su hija al
sacrificio. (Kierkegaard , 2014. p.140) Y
cuando la noticia llegué a tierra patria, las hermosas vírgenes griegas
sentirán que el entusiasmo arrebola sus mejillas; y si la hija ha sido ya
prometida, el hombre con quien lo estaba no se encolerizará, sino que se
sentirá honrado de ser partícipe de la hazaña del padre, pues la muchacha le
pertenecía más tiernamente que pertenecía a quien la engendró. (Kierkegaard , 2014. p.141) Veamos, Kierkegaard
nos presenta este contraste entre Agamenón y Abraham (aunque de hecho también
pone de ejemplo a Jefté y Bruto, pero en esta publicación sólo nos evocaremos al
de Abraham y Agamenón) para llegar a la siguiente conclusión:
“Es muy clara la diferencia que existe
entre el héroe trágico y Abraham: el héroe trágico no abandona nunca la esfera
de lo ético. Para él cualquier expresión de lo ético encuentra su telos en otra
expresión más alta de lo ético y reduce la relación ética entre padre e hijo o
entre hija y padre a un sentimiento que encuentra su dialéctica en su relación
con la idea de moralidad. Y ahí no puede existir) por lo tanto, una suspensión teleológica
de la propia ética.
El caso de Abraham es muy diferente. A
causa de su acto rebasa la esfera de lo ético: su telos, más alto, deja en
suspenso el ético. Quisiera yo saber de qué manera se puede establecer una
relación entre el acto de Abraham y lo general y si es posible encontrar entre ambos
otro punto de contacto que no sea el producido al romper Abraham con lo
general; Abraham no pretendía salvar a un pueblo, ni sostener la idea del
Estado, ni trataba tampoco de conciliarse a los enojados dioses. Y si se objeta
que se trataba de un caso de cólera divina, se deberá considerar el hecho de
que dicha cólera atañía únicamente a Abraham, con lo que el comportamiento del
patriarca, al ser una cuestión absolutamente privada, resulta absolutamente
ajena a lo general. De manera que mientras el héroe trágico alcanza la grandeza,
gracias a su virtud moral, Abraham accede a ella por una virtud estrictamente
personal.” (Kierkegaard , 2014. p.143)
En definitiva no es posible comparar por
el nivel del acto, el hecho de renunciar a la mujer que amas, con el hecho de
sacrificar a tu propio hijo. Sin embargo, lo que pretendo mostrar con esta
comparación con las ideas principales que el autor nos quiere transmitir, como
que lo particular esta sobre lo general; que hay una diferencia entre el héroe trágico
y el caballero de la fe; que hay una fuerte crítica el proceso de medición de
Hegel y que la fe comienza precisamente allí donde la razón termina.
Bibliografía
Denis , H., André, V., & Serge, L. (2000). Historia
de la filosofía ilustrada por los textos. Madrid: Tecnos.
Kierkegaard , S. (2014). Temor y
Temblor. Madrid: Alianza.