Sobre la esencia del sabio y sus manifestaciones en el dominio de la libertad.
Este consistía
en una autoposición "ideal", en una acción real que sabe de sí y que Fichte
denominaba intuición intelectual, esa
acción o agilidad (no substancia o cosa que piensa) encuentra una resistencia que
por tanto se denomina no-yo y que en la fundamentación
de toda la doctrina de la ciencia, figura como segundo
principio del sistema.
Esto es segundo porque en parte
no es absoluto, sino que su contenido debe ser transformado según las
exigencias racionales del yo puro, y por tanto debe convertirse en dependiente
de éste. Pero a pesar de todo se presenta como un principio porque en parte es
absoluto y no dependiente del yo, en el sentido de que no puede ser creado por
el yo, sino que le viene dado.
El sabio con formación completa de la época es un “yo” que se pone al “no-yo”, es necesariamente el puente para la existencia del mundo sensible, el mundo sensible como “idea del absoluto”, es creadora de la realidad, pero sólo en la voluntad libre del yo creador.
O sea, la mirada hacia el
interior de uno mismo implica conocerse, y al hacerlo, hay autoconciencia, el
no-yo es un obstáculo para conocer, así que, necesita al yo para conocerse. La autoconciencia
de Fichte es un yo que sólo existe actuando y configurando un mundo, que, al
hacerlo, se configura a sí mismo.
“Aquí la idea divina eterna
gana existencia en individuos humanos concretos: ésta existencia de la idea
divina en ellos se abraza ahora a sí misma, con un amor indecible; y entonces
decimos nosotros, amoldándonos a la apariencia, que este hombre ama la idea y
vive en la idea, siendo en realidad, un arreglo a la verdad, la idea misma la
que, en lugar de aquel, vive y se ama en su persona, y su persona es meramente
la manifestación sensible de ésta existencia de la idea, persona que, en sí
misma, en modo alguno existe ni vive”
El poder para comprender el mundo comienza, entonces, en nuestra autoconciencia, es decir, el mundo entero yace en la manifestación natural, como el mundo tiene su propia configuración, el yo debe tener su propia manifestación de sensible para que cree su propio mundo moral mediante la libertad.
Es así como Fichte puede conocer el mundo, o sea, cuando pone al yo al oponerse al no-yo, no obstante ¿cómo puede justificarse la existencia del no-yo fuera del yo?
Fichte,
Johann. sobre la esencia del sabio y sus manifestaciones en el dominio de la
libertad. Madrid: Editorial Tecnos, 1998. Impreso.
