“El envejecimiento cada vez más
acelerado de las novedades e invenciones que brotaron de las fuerzas
productivas del capitalismo en desarrollo”. La era posmoderna parece haber
elegido el concepto de novedad, o sea, de moda, como su máxima expresión,
disminuyendo, sin embargo, cada vez más, la distancia entre el nacimiento de
una invención y su desaparición en el olvido.
La filosofía de Benjamin refleja unas inquietudes tan parecidas a las de nuestro siglo. Lo que pensaba Benjamin permite interpretar los fragmentos que pertenecen al proyecto de los Pasajes. Así que, sus reflexiones sobre el París del siglo XIX, los pasajes parisinos, la moda, la arquitectura, el art
e, la poesía, etc., pertenecen todas a un universo interpretativo marcado por su concepción de la historia y del tiempo.
Según el filósofo, el
concepto de progreso, de tiempo continuo, no permite interpretar el pasado, y
por tanto la historia, como un elemento que reconfigura nuestro presente. Por tanto,
los fragmentos, de su obra parecen responder finalmente, a su propia concepción
del tiempo.
Ahora bien, de acuerdo con Benjamin,
se necesita: “[...] acoger la actualidad como la otra cara de la eternidad, la
que está escondida en la historia, y revelar la huella de esta cara escondida”
La concepción del tiempo, en
Benjamín, es el resultado de una experiencia verdaderamente política del
presente, experiencia con la cual el pasado y el futuro se cruzan. Sin embargo,
una construcción de la historia, está esencialmente consagrada a la memoria de
los que nunca fueron nombrados. Es necesario, según Benjamín, hacerse cargo de
la memoria de los olvidados. “Mientras la idea de continuidad a su pasaje
aplasta y nivela todo, la idea de discontinuidad es la base de la autentica
tradición”
Esto es, Benjamin, defiende
una responsabilidad ético-política que se opone a una historia interpretada como
progreso continuo y lineal; “En otras palabras: tan pronto como el progreso se
convierte en el rasgo característico de todo el curso de la historia, su concepto
aparece en un contexto de hipostatización acrítica en lugar de en uno de planteamiento
crítico”.
El historiador debe tener la
fuerza de renegar siempre, de sus conceptos de historia, para permitir que los
mismos fenómenos mantengan su complejidad y vitalidad.
Bibliografía
Benjamín, Walter. Libro de
los pasajes. Editorial Akal, Madrid, 2005. Impreso.

El texto articula de manera pertinente la crítica benjaminiana al progreso y a la temporalidad lineal, vinculándola con la experiencia contemporánea de la novedad acelerada propia del capitalismo. A partir del envejecimiento constante de la moda y de las invenciones, se muestra cómo la promesa de lo nuevo se vacía rápidamente, lo que permite leer la actualidad desde las categorías que Benjamin desarrolla en El libro de los Pasajes.
ReplyDeleteEn este sentido, la historia no aparece como una sucesión continua de avances, sino como un campo de tensiones donde pasado y presente se entrecruzan políticamente. La apelación a la discontinuidad y a la memoria de los olvidados subraya la dimensión ético-política del pensamiento de Benjamin: interpretar la historia implica resistirse a una visión homogénea del tiempo y asumir la responsabilidad de rescatar aquello que ha sido silenciado. Así, el historiador no fija el sentido del pasado, sino que mantiene abiertos los fenómenos, preservando su complejidad frente a toda lectura progresista acrítica.