Friday, December 12, 2025

“G. Agamben: El lenguaje y la muerte: Un seminario sobre el lugar de la negatividad”

 


En esta obra Agamben desarrolla un seminario filosófico sobre el lugar de la negatividad en el lenguaje humano. Analiza cómo la estructura del lenguaje está atravesada por la experiencia de la voz, el decaimiento, el no-ser y la negatividad que permite que algo pueda ser dicho. Retoma a Heidegger, Hegel, Benveniste y otros pensadores para mostrar que el lenguaje humano se funda en una relación interna con la muerte, no como evento biológico, sino como experiencia de la falta, del no-ser, que hace posible el significado.

Sin embargo, en este texto pretendo profundizar en el lenguaje y su relación con la negatividad que de cierta forma guarda este en lo que no se puede decir del todo y la muerte no en un sentido biológico sino como una posibilidad ontológica. Así pues, en su obra “El lenguaje y la muerte”, Giorgio Agamben afirma que la relación entre la muerte y el lenguaje es fundamental, pero “todavía impensada”, retomando un pasaje de Heidegger que señala que esta conexión aparece “como en un relámpago”.

En este sentido, Agamben afirma que el lenguaje humano se funda en la negatividad. A partir de su lectura de Heidegger y Hegel, muestra cómo la experiencia de la muerte, entendida como la posibilidad de la imposibilidad, revela que el ser humano es un ser atravesado por la nada y que esta estructura negativa es también la que posibilita el lenguaje, pues la voz funciona como transición donde vida, silencio y significado se entrecruzan. En este sentido, la negatividad no es una carencia, sino el fundamento ontológico que hace posible el decir.

Agamben retoma la concepción heideggeriana de la muerte como la posibilidad más propia del Dasein. La muerte no es un evento futuro sino una estructura que revela cómo el ser humano está atravesado por la posibilidad de la imposibilidad. En este sentido “La negatividad no le sobreviene al Dasein, sino que atraviesa originalmente su esencia”, por lo tanto, esta experiencia no se limita a un acontecimiento externo, sino que revela algo constitutivo de la existencia siendo esta una estructura interna de negatividad que no es una propiedad adicional del ser humano, sino más bien es el suelo desde el cual se constituye su modo de ser.

De esta forma entonces muerte y lenguaje son dos facultades unidas por la negatividad, pues Agamben profundiza esta interpretación al señalar que, en la tradición filosófica occidental, el hombre es definido simultáneamente como “el mortal” y “el hablante”. En este sentido, el lenguaje es una apertura: un “Da”, un claro desde el cual el mundo se vuelve accesible. Pero esta apertura no es transparente ni neutra porque contiene en sí la misma negatividad que se revela en la muerte. Existe un resto, un silencio, una falta que hace posible la significación. Por lo tanto, el lenguaje solo puede comprenderse si se piensa su vínculo con la muerte: ambos remiten a una estructura donde el ser humano se abre al ser a través de una experiencia de no-ser.

A partir de este breve análisis me pregunto si actualmente ¿puede una inteligencia artificial participar de un lenguaje sin negatividad y si podría producir auténtico lenguaje humano? Con Agamben damos cuenta que no es posible que ella sea participe de este, porque no anticipa su muerte y tampoco experimenta el no que constituye el Dasein, pues no vive el silencio anterior a la palabra ni la falta que posibilita el significado y no puede producir auténtico lenguaje humano, porque aunque su lenguaje puede considerarse formal, estadístico y operativo, no puede considerarse ontológicamente atravesado por la negatividad, ya que Agamben sugiere que el lenguaje no se reduce solo a la producción de signos y enunciados, sino que más bien nace de una relación originaria con la muerte y que el decir humano contiene en sí el resto de lo que no puede ser dicho, es decir, la huella del silencio y la IA simplemente opera sobre estructuras formales sin esa experiencia límite.


Finalmente, el texto de Agamben muestra que el lenguaje humano solo puede entenderse a partir de su vínculo originario con la negatividad y la muerte, al revelar la finitud del Dasein, ilumina la estructura del lenguaje como una apertura que se sostiene en lo que no puede ser dicho y con la reflexión de la IA y la lectura de Agamben da pie a que se genere debate y se piense en esa distinción que podría ser clave para pensar en un lenguaje como procesamiento técnico y en un lenguaje como experiencia existencial, ya que si el lenguaje humano es inseparable de su matriz negativa y mortal, entonces ¿la IA y cualquier otro lenguaje diferente al humano no puede participar plenamente de él?

Bibliografía: Agamben, G. (2008). Quinta jornada. El lenguaje y la muerte: Un seminario sobre el lugar de la negatividad. Pre-Textos.


1 comment:

  1. Hola, me ha encantado tu tema. Es muy interesante poder observar las diferentes concepciones que existen sobre la muerte en las diferentes épocas de la historia, por ejemplo; para la cultura maya la muerte no significaba un final sino una transición, en esta medida podemos entender lo que hace posible dichas interpretaciones, en éste caso lo que permite entender que el lenguaje y la muerte son estructuras fundamentales que definen la existencia humana, es precisamente el giro lingüístico ya que permite pensar que el lenguaje no dice al mundo, no lo refleja pasivamente sino que lo crea. Además me parece muy interesante la comparación que haces entre que el lenguaje "humano" solo puede entenderse a partir de su vínculo originario con la negatividad y la muerte, y la IA. En esta medida, considero que nada hay fuera del lenguaje ni siquiera la IA, es decir, que operan enteramente dentro del ámbito del lenguaje. Por último, si el lenguaje es la casa del ser, entonces ¿hay un lenguaje "no humano"? Saludos, espero podamos platicar pronto.

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