Friday, November 14, 2025

 


¿Podemos separar la obra del autor? La respuesta es un debate frecuente. Sin embargo, para poder comprender a Kierkegaard con mayor profundidad, es necesario empaparse de algunos de los acontecimientos que formaron parte importante de su vida, como lo es la relación con su padre, su relación con Regina y su pelea con Hegel.

Kierkegaard se enamoró. Se enamoró perdidamente de una mujer; Regina Olsen. Cuando leía la introducción a su obra Temor y Temblor. Me pregunté en varias ocasiones ¿Quién de nosotros no se ha enamorado alguna vez? Acaso ¿en algún momento hemos amado de la forma en qué Kierkegaard amo a Regina? Y sí es así ¿estaríamos dispuestos a renunciar a aquello que amamos por un mandato divino?

El padre de Kierkegaard muere en 1838. A partir de ese momento, y como tributo a la memoria paterna, Søren se entrega apasionadamente a los estudios de teología. Su vida, después de haber permanecido en el estadio estético durante demasiado tiempo, ingresa en el estadio ético, y toca el umbral del estadio religioso; ya está encauzado en lo que debe ser su existencia, pero en ese momento aparece Regina Olsen. (Kierkegaard , 2014, p.38-39). Aunque en septiembre de 1840 pidiera y obtuviera la mano de Regina Olsen, renunciaría a casarse con ella, pese a las lágrimas y las suplicas de la joven. (Denis , André, & Serge, 2000, p. 324). Kierkegaard renuncia a estar con la mujer que ama y que lo ama, pero díganme ustedes que me están leyendo ¿Quién renunciaría a alguien a quien no has dejado de amar, cuando esa persona te ruega con lágrimas que no la dejes? En esta medida, podemos vislumbrar que la ética general es incapaz de comprender aquel lenguaje extraño que es el que se da a  partir de la relación personal entre Dios y el hombre. Para esclarecer esta idea, evocaré a continuación el ejemplo que en su obra Temor y Temblor, el autor astutamente nos muestra:

 



"Abraham e Isaac"

Dios quiso probar a Abraham y le dijo: Ve y toma a tu hijo, y unigénito, a quien tanto amas, a Isaac, y ve con él al país de Moriah, y ofrécemelo allí en el holocausto en la montaña que yo te indicaré. (Kierkegaard , 2014. p.83) ¿Quién podría comprender a Abraham? ¿Quién estaría dispuesto a sacrificar a su hijo para cumplir con su deber, es decir, con la voluntad de Dios? ¿Acaso, aquella voz es sólo un reflejo de locura? “Abraham calla… pero no puede hablar; es ahí donde residen la angustia y la miseria. Pues si yo, por ejemplo, no consigo hacerme comprender cuando hablo, aunque continúe hablando sin interrupción día y noche. Ése es el caso de Abraham: lo puede contar todo, pero hay una cosa que no puede decir y al no poder decirla, o sea al no poder decirla de modo que el otro pueda comprender, no habla. (Kierkegaard , 2014. P.224-225). Es incapaz de hablar porque no habla una lengua humana. Aun cuando conociese todas las lenguas de la tierra, aun cuando los comprendiesen también los seres que ama, aun así no podría hablar. Abraham habla un lenguaje divino, habla en lenguas. (Kierkegaard , 2014. 225). Ahora bien, Kierkegaard contrasta por ejemplo, el caso de Abraham con el caso de Agamenón cuando tuvo que sacrificar a su hija Ifigenia.

Cuando en una empresa que compromete los destinos de todo un pueblo surge un impedimento, cuando tal empeño tropieza con la negativa del cielo, cuando la divinidad encolerizada envía una calma chicha que hace fracasar todo intento para mover las naves, cuando el augur, cumpliendo su penosa tarea, hace saber que el dios exige una doncella como víctima propiciatoria, el padre, entonces, llevará heroicamente a su hija al sacrificio. (Kierkegaard , 2014. p.140) Y cuando la noticia llegué a tierra patria, las hermosas vírgenes griegas sentirán que el entusiasmo arrebola sus mejillas; y si la hija ha sido ya prometida, el hombre con quien lo estaba no se encolerizará, sino que se sentirá honrado de ser partícipe de la hazaña del padre, pues la muchacha le pertenecía más tiernamente que pertenecía a quien la engendró. (Kierkegaard , 2014. p.141) Veamos, Kierkegaard nos presenta este contraste entre Agamenón y Abraham (aunque de hecho también pone de ejemplo a Jefté y Bruto, pero en esta publicación sólo nos evocaremos al de Abraham y Agamenón) para llegar a la siguiente conclusión:

“Es muy clara la diferencia que existe entre el héroe trágico y Abraham: el héroe trágico no abandona nunca la esfera de lo ético. Para él cualquier expresión de lo ético encuentra su telos en otra expresión más alta de lo ético y reduce la relación ética entre padre e hijo o entre hija y padre a un sentimiento que encuentra su dialéctica en su relación con la idea de moralidad. Y ahí no puede existir) por lo tanto, una suspensión teleológica de la propia ética.

El caso de Abraham es muy diferente. A causa de su acto rebasa la esfera de lo ético: su telos, más alto, deja en suspenso el ético. Quisiera yo saber de qué manera se puede establecer una relación entre el acto de Abraham y lo general y si es posible encontrar entre ambos otro punto de contacto que no sea el producido al romper Abraham con lo general; Abraham no pretendía salvar a un pueblo, ni sostener la idea del Estado, ni trataba tampoco de conciliarse a los enojados dioses. Y si se objeta que se trataba de un caso de cólera divina, se deberá considerar el hecho de que dicha cólera atañía únicamente a Abraham, con lo que el comportamiento del patriarca, al ser una cuestión absolutamente privada, resulta absolutamente ajena a lo general. De manera que mientras el héroe trágico alcanza la grandeza, gracias a su virtud moral, Abraham accede a ella por una virtud estrictamente personal.” (Kierkegaard , 2014. p.143)

En definitiva no es posible comparar por el nivel del acto, el hecho de renunciar a la mujer que amas, con el hecho de sacrificar a tu propio hijo. Sin embargo, lo que pretendo mostrar con esta comparación con las ideas principales que el autor nos quiere transmitir, como que lo particular esta sobre lo general; que hay una diferencia entre el héroe trágico y el caballero de la fe; que hay una fuerte crítica el proceso de medición de Hegel y que la fe comienza precisamente allí donde la razón termina.

Bibliografía

Denis , H., André, V., & Serge, L. (2000). Historia de la filosofía ilustrada por los textos. Madrid: Tecnos.

Kierkegaard , S. (2014). Temor y Temblor. Madrid: Alianza.

 

2 comments:

  1. Me parece muy interesante la relación que hace con el tema de la fe y la tensión que existe en la individualidad y lo ético poniendo de ejemplo del tema religioso de Abraham e Isaac, también pudiendo relacionarse con algunos caso que pasan en la actualidad.

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  2. Tu trabajo muestra de manera clara la idea central de Kierkegaard: la diferencia radical entre el héroe trágico y el caballero de la fe. La comparación entre Agamenón y Abraham está bien planteada y permite entender cómo el primero actúa dentro de lo ético y lo general, mientras que Abraham rompe con ese marco y se sitúa en una relación totalmente personal con lo absoluto.

    Además, señalas correctamente que esta distinción implica una crítica directa a la visión hegeliana, pues no todo puede medirse o justificarse racionalmente. La conclusión de que la fe comienza donde termina la razón está bien sustentada y resume con precisión el sentido del texto. En conjunto, tu comentario logra ser claro, coherente y fiel al pensamiento de Kierkegaard.

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