ELEUSIS
Eleusis es un poema escrito por el joven Hegel en 1796, dedicado a su amigo Friedrich Hölderlin (el que por cierto, será años más tarde, una fuerte influencia para el pensamiento de Heidegger). Pero ¿qué era Eleusis? Eleusis fue una antigua ciudad griega, cercana a Atenas, famosa por albergar el santuario de Deméter y Perséfone y ser la sede de los Misterios Eleusinos, los ritos secretos más importantes de la antigüedad, que prometían una vida feliz tras la muerte a sus iniciados, ofreciendo esperanza frente a la muerte, un tema central del culto, y que se celebraban anualmente con rituales solemnes y secretos. En esta medida, es muy interesante como el joven Hegel nombra a su poema con el nombre de una antigua ciudad griega, por lo que el contenido revela una pieza fundamental de su pensamiento antes de ser conocido por su “Fenomenología del espíritu”. De hecho, Hegel abandonará la poesía, no como su amigo Hölderlin, quien a pesar de tener posturas distintas, poseían una gran amistad. Ahora bien, el poema tiene una importante extensión, por lo que para fines de este blog he decido sólo retomar algunos párrafos.
En el siguiente párrafo se muestra una clara influencia hölderliniana en cuanto a la elección de las palabras, aunque no del mensaje; tras alabar el entusiasmo que “sentiría”, “percibiría”, “interpretaría” si pudiera escuchar “lo himnos del convivio divino”, los ritos iniciáticos de los misterios eleusinos, Hegel sentencia con dureza:
Pero tus salas han
enmudecido, ¡oh Diosa!
Huido está el círculo
divino, de vuelta en el Olimpo,
Dejando atrás altares
profanados.
¡Del degradado sepulcro
de los hombres, huido
de la inocencia del
Genio, que aquí los encantaba!
La huida de los dioses,
el fin de los ritos eleusinos, la imposibilidad de esa relación inefable con Ceres
es descrita con aparente nostalgia, y con una correlativa crítica ―esa sí,
sincera, e inspirada probablemente por el poema Los dioses de Grecia de
Schiller de 1788, hacia los fríos saberes como la arqueología, que pretenden
hoy en día sin éxito reconstruir la esencia de esas celebraciones, de esa
religión mistérica. Pero esta desaparición no deja al hombre ante el vacío del
nihilismo, o a la busca de nuevos ídolos, materiales o ideológicos, a los que
deificar. Hegel tiene ya claro que Dios vive en las acciones de los hombres, en
el bello vínculo de la comunidad edificada sobre esa “fe leal” de la que hablan
los versos finales:
Avaros tus hijos no
exhibieron, Diosa,
tu honor por calles ni
mercado, lo guardaron
en el interno santuario
de su pecho;
por eso no vivías tú en
su boca:
con su vida te
honraban: tú vives en sus gestas todavía
[…]
Tú eres el alto
sentido, la fe leal
que, por ser Deidad,
aunque todo se hunda no vacila.
En una especie de
Pentecostés pagana, el espíritu de Ceres, una vez que ésta ha huido, se hace comunidad,
se hace “alianza” entre un yo y un tú, entre dos amigos que están deseando
reencontrarse. Por ello, ante todo, Eleusis es un escrito político, o mejor
dicho un escrito “polémico, de combate”. Frente a la tentación de la supresión
de sí mismo en un todo informe.
Hegel propone la información
de mundo y de comunidad, dado que esa acción, esa gesta colectiva es la única
divinidad que cabe construir. Impregnado de una melosa nostalgia romántica
cuando nos enfrentamos a él en una primera lectura, Eleusis constituye en
cambio un poderoso antídoto contra toda nostalgia acrítica que pretenda volver a
un pasado soñado e irrecuperable. Aparentemente constelado de fugas hacia atrás
y hacia el fondo, este poema, como toda la filosofía de Hegel, huye de esas
fugas, y propone una marcha organizada, constructiva, colectiva hacia delante,
para hacer comunidad.
Bibliografía
Rocco, L. V. (2020). Hegel poeta. Huyendo de las fugas. .
Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 74-85.






